Cuenta la leyenda, que fueron los ejecutivos japoneses quienes iniciaron con la tradición.
Y que después se extendió a las grandes coorporaciones norteamericanas y europeas. Lo cierto es que hoy las tarjetas personales ya forman parte del equipo mínimo de subsistencia: todo el mundo tiene su tarjeta, y entregarlas y recibirlas es el primer rito en cualquier reunión de negocios.
Pero hay dudas que surgen al hacerlas: ¿Qué deben decir, como diseñarlas, cuantas hay que imprimir, como lograr que sean originales, etc.? ...
Los especialistas aconsejan que al momento de crear una tarjeta se debe comenzar por el isologotipo, que resume en tipografía e ilustración la imagen de la empresa. Y luego sí, incorporar los datos de la persona, sin agregado excesivos como la foto o una reseña del curriculum. Esta tiene la función de invitar al otro a llamarte. Preferentemente debe ser sintética antes que abundante.
Al elegir el color del papel, debemos tener en cuenta, que la elección debe realizarse en función al rubro de la empresa. De todas maneras, y por una cuestión de legibilidad, la mejor opción son los colores claros: si no es blanco puede ser tiza, hueso, pastel, etc. Cuando llegue el momento de la impresión, tenemos que saber que si recién nos estamos iniciando en algún rubro comercial y contamos con una PC, es posible editar e imprimir las tarjetas en casa. Pero la calidad de impresión no en la ideal y el trabajo terminado tiene una imagen casera.
Para el que tiene una pequeña empresa y precisa presentarse antes nuevos clientes se debe recurrir a una imprenta para buscar calidad de impresión. Las opciones son dos: digital y offset, ambas con buena calidad de impresión. La primera es ideal para bajas tiradas y cuando se necesitan soluciones urgentes, a diferencia del offset, que demora de tres a cinco días.
Hoy en día ya no se justifica hacer grandes tiradas de una misma tarjeta. Los cambios de dirección, de e-mail, de celular o por la misma rotación laboral obligan a renovar tarjetas mucho antes de que se agotes las 100 o las 50 tarjetas impresas.
Fuente: Revista PyMes-Clarín Noviembre 2004.
Material investigado porDiego Hernán Alegre alumno del CIMTE, Santa Fe Ciudad.
viernes, 29 de agosto de 2008
sábado, 9 de agosto de 2008
IMPRESCINDIBLE SABER COMUNICARSE
¿Cuántos problemas genera la incapacidad de decir lo que uno siente, piensa o sabe?
Innumerables. ¿Vemos ejemplos?
Un padre que siente un gran amor por sus hijos pero no es capaz de expresarlo, corre el riesgo de que sus hijos interpreten esa incapacidad como la prueba de que es un mal padre. Un directivo de una empresa que sabe todo lo relativo a las actividades del ramo, pero no es capaz de transmitir ese conocimiento a sus subordinados y sus clientes, no obtendrá buenos resultados en su trabajo. Recordemos que el conocimiento es poder en potencia y solo se convierte en real y efectivo cuando se comunica al Universo y se transforma en acción.
En comunicación se desperdicia energía cuando el mensaje no produce ningún resultado, cuando no hay respuesta. Existe el lenguaje que genera acción que hace que las cosas sucedan. Y existe el lenguaje que no genera acción: un comentario, por ejemplo, una queja o el típico “diálogo de sordos” que consume energías y que no produce nada en el Universo
Otra forma de lenguaje que no genera acción son las frases en tiempo condicional Ejemplo: “Me gustaría dar las gracias a Fulano…” Debemos decir “Doy las gracias a Fulano…” y entonces sí, algo se mueve en el Universo.
Cuando nos comunicamos con alguien, todo nuestro cuerpo habla. Observemos entonces nuestros gestos durante una conversación. Procuremos percibir nuestro tono de voz, la forma de expresarnos, el sentimiento con que lo hacemos. Todo esto va mucho más allá de las palabras. Pero no basta con observarse a uno mismo también es fundamental observar al interlocutor y percibir de él no solo las palabras.
¿En que nos debemos fijar? En sus ojos. Nuestros ojos se mueven cuando hablamos, cuando pensamos e incluso cuando soñamos. Los estudios que la neurolenguística ha realizado acerca del movimiento de los ojos puede ayudarnos no solo a comunicarnos mejor y gozar de una mayor capacidad de influir en los demás, sino también a desarrollar nuestra inteligencia. ¿Cómo? Solemos mover los ojos en distintas posiciones y cada una de estos movimientos desencadena un proceso diferente en nuestro cerebro.
Veamos como y probemos:
Ojos hacia arriba y a la derecha creamos imágenes (es posible percibir que tu interlocutor esta mintiendo si mueve los ojos hacia esa posición ante una pregunta cuya respuesta debería saber, pero no la sabe)
Ojos hacia arriba y a la izquierda. Recordamos imágenes. Se pone en funcionamiento nuestra memoria visual. (¿Qué camisa usé ayer? Miró hacia la izquierda para recordar)
Cuando movemos los ojos en el plano horizontal, estamos abriendo nuestro caudal auditivo. Hacia la derecha resulta más fácil crear sonidos. Hacia la izquierda estamos recordando sonidos
Moverlos hacia abajo y a la izquierda activa el diálogo interno y si es hacia la derecha significa que adquirimos conciencia de nuestro cuerpo..Estamos experimentando emociones.
Material de la Sra. Maestra en Ceremonial doña Magdalena van Langendonck
Fuente informàtica: www.caecba.com.ar
Innumerables. ¿Vemos ejemplos?
Un padre que siente un gran amor por sus hijos pero no es capaz de expresarlo, corre el riesgo de que sus hijos interpreten esa incapacidad como la prueba de que es un mal padre. Un directivo de una empresa que sabe todo lo relativo a las actividades del ramo, pero no es capaz de transmitir ese conocimiento a sus subordinados y sus clientes, no obtendrá buenos resultados en su trabajo. Recordemos que el conocimiento es poder en potencia y solo se convierte en real y efectivo cuando se comunica al Universo y se transforma en acción.
En comunicación se desperdicia energía cuando el mensaje no produce ningún resultado, cuando no hay respuesta. Existe el lenguaje que genera acción que hace que las cosas sucedan. Y existe el lenguaje que no genera acción: un comentario, por ejemplo, una queja o el típico “diálogo de sordos” que consume energías y que no produce nada en el Universo
Otra forma de lenguaje que no genera acción son las frases en tiempo condicional Ejemplo: “Me gustaría dar las gracias a Fulano…” Debemos decir “Doy las gracias a Fulano…” y entonces sí, algo se mueve en el Universo.
Cuando nos comunicamos con alguien, todo nuestro cuerpo habla. Observemos entonces nuestros gestos durante una conversación. Procuremos percibir nuestro tono de voz, la forma de expresarnos, el sentimiento con que lo hacemos. Todo esto va mucho más allá de las palabras. Pero no basta con observarse a uno mismo también es fundamental observar al interlocutor y percibir de él no solo las palabras.
¿En que nos debemos fijar? En sus ojos. Nuestros ojos se mueven cuando hablamos, cuando pensamos e incluso cuando soñamos. Los estudios que la neurolenguística ha realizado acerca del movimiento de los ojos puede ayudarnos no solo a comunicarnos mejor y gozar de una mayor capacidad de influir en los demás, sino también a desarrollar nuestra inteligencia. ¿Cómo? Solemos mover los ojos en distintas posiciones y cada una de estos movimientos desencadena un proceso diferente en nuestro cerebro.
Veamos como y probemos:
Ojos hacia arriba y a la derecha creamos imágenes (es posible percibir que tu interlocutor esta mintiendo si mueve los ojos hacia esa posición ante una pregunta cuya respuesta debería saber, pero no la sabe)
Ojos hacia arriba y a la izquierda. Recordamos imágenes. Se pone en funcionamiento nuestra memoria visual. (¿Qué camisa usé ayer? Miró hacia la izquierda para recordar)
Cuando movemos los ojos en el plano horizontal, estamos abriendo nuestro caudal auditivo. Hacia la derecha resulta más fácil crear sonidos. Hacia la izquierda estamos recordando sonidos
Moverlos hacia abajo y a la izquierda activa el diálogo interno y si es hacia la derecha significa que adquirimos conciencia de nuestro cuerpo..Estamos experimentando emociones.
Material de la Sra. Maestra en Ceremonial doña Magdalena van Langendonck
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