Las reglas de cortesía y buenos modales han sido siempre un pilar fundamental de nuestra cultura. Desde las rígidas etiquetas imperiales hasta los consejos maternos sobre cómo comportarse en la mesa, hay una gran cantidad de normas que regulan el comportamiento social. A pesar de que la informalidad ha ganado mucho terreno en la vida social de las personas, las normas de educación y de buenas costumbres siguen teniendo vigencia y no se limitan solamente a los ámbitos políticos o empresariales, sino en la vida cotidiana.
La manera en la que se comportan las personas varía de acuerdo con el ámbito en el que se encuentran. El ceremonial, que nace como una forma de regular los comportamientos, se divide en dos áreas: el social y el institucional. En el primer caso, se refiere a la forma en la que deben relacionarse las personas fuera de los ámbitos oficiales, en la vida privada. El segundo es el que se sigue en los gobiernos y en las empresas.
La cortesía es el deseo de agradar. No es una cualidad innata del ser humano; se aprende. La vulgaridad y la grosería generan rechazo en cualquier ámbito
En la vida hay muchos momentos que merecen una celebración especial: una fiesta tradicional, un cumpleaños, una reunión de viejos amigos o una ceremonia oficial. Los que saben aseguran que las buenas costumbres, la educación y la cortesía, lejos de quedar limitadas al ámbito oficial o de la nobleza, pueden ponerse en práctica en lo cotidiano. Además, arriesgan que el protocolo ayuda a una mejor comunicación entre las personas por lo que conocer ciertas reglas sociales ayuda a desenvolverse mejor tanto en actividades privadas como en el mundo laboral. “Conocer y practicar las reglas sociales nos permite no desentonar nunca.”
La manera en la que se comportan las personas varía de acuerdo con el ámbito en el que se encuentran. El ceremonial, que nace como una forma de regular los comportamientos, se divide en dos áreas: el social y el institucional. En el primer caso, se refiere a la forma en la que deben relacionarse las personas fuera de los ámbitos oficiales, en la vida privada. El segundo es el que se sigue en los gobiernos y en las empresas.
La cortesía es el deseo de agradar. No es una cualidad innata del ser humano; se aprende. La vulgaridad y la grosería generan rechazo en cualquier ámbito
En la vida hay muchos momentos que merecen una celebración especial: una fiesta tradicional, un cumpleaños, una reunión de viejos amigos o una ceremonia oficial. Los que saben aseguran que las buenas costumbres, la educación y la cortesía, lejos de quedar limitadas al ámbito oficial o de la nobleza, pueden ponerse en práctica en lo cotidiano. Además, arriesgan que el protocolo ayuda a una mejor comunicación entre las personas por lo que conocer ciertas reglas sociales ayuda a desenvolverse mejor tanto en actividades privadas como en el mundo laboral. “Conocer y practicar las reglas sociales nos permite no desentonar nunca.”
En una sociedad dinámica y en un mundo globalizado, tiene especial importancia la formación de las nuevas generaciones, de manera de entregarles las herramientas necesarias para su exitoso desenvolvimiento en el terreno social y profesional futuro.
Material investigado por M. Soledad Borrego, alumna del Inst. DOMO AUKA.
Fuente Informàtica:
http/protocolo.org
http/protocoloycomunicación.blogspot.com
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